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Por si no estábamos suficientemente nerviosos con la crisis, la prestigiosa revista norteamericana SmartMoney ha publicado un artículo sobre los signos que indican que nuestra vivienda se devalúa.
No pretendemos amargar a los visitantes de nuestra web, sino sólo que estén alerta ante los giros que pueda tomar la situación (que, según todos los indicios, irá a peor) con el fin de que tomen las medidas que estén en su mano.
1. Un embargo en el vecindario
El primer factor que anticipa una posible devaluación de nuestra vivienda es que haya un embargo en el barrio. Según afirma SmartMoney, un piso embargado en la zona devalúa el resto en un 1%, aproximadamente, y el efecto de depreciación se multiplica progresivamente con cada nuevo embargo; de manera que, según advierte la publicación, dos embargos no conducen a una devaluación del 2%, sino de más. El estudio se realizó para la ciudad de Chicago, pero se considera exportable a otros ámbitos y países y se advierte que, en estos momentos, la devaluación sufrida en los pisos próximos a uno embargado podría ser aún mayor. El embargo y la posterior subasta conducen a que los precios del mercado caigan.
2. Situaciones de vandalismo y delincuencia
Pueden ser consecuencia del punto anterior: cuando una casa sufre un desahucio tiene más probabilidades de acabar presa de actos vandálicos y de ser visitada por okupas.
Obviamente, si uno tiene la mala suerte de que aparezca un violador en su calle o un peligroso pedófilo del que se habla sin parar en todas las cadenas de televisión, está claro que su vivienda se devalúa automáticamente, y más cuanto más cerca esté su casa de la del criminal o delincuente.
Por lo mismo, que se creen espacios de degradación social: parques visitados por drogadictos, prostitución, rincones donde se cobijan personas sin techo o se almacenan basuras, devalúa las viviendas de la zona.
3. Amenazas medioambientales
Tener la vivienda ubicada en una zona de posible avenida de aguas es un motivo de depreciación. También lo es que nos instalen cerca una fábrica, una gasolinera, una central nuclear, una antena de telefonía móvil… o que construyan una carretera ruidosa y atestada de tráfico bajo nuestras ventanas. Los vecinos harán bien en quejarse cuando todavía están a tiempo, porque este tipo de infraestructuras suponen una devaluación segura de su propiedad.
4. Carteles de ‘se vende’ que duran y duran…
Atrás quedaron los tiempos en que se colgaba el anuncio y, pocos días después, el piso estaba vendido. Hoy los carteles aparecen descoloridos por el sol tras meses y meses de espera, y a menudo, codo con codo con los de varios propietarios que también desean vender su casa.
El tiempo de venta es un buen barómetro para medir la demanda en la zona. Si nuestro barrio está lleno de carteles que perduran en el tiempo, significa que la zona está devaluada y que, probablemente, la cosa vaya a peor, pues los posibles compradores esperan que los precios bajen.
Hay que asumir que el hecho de que compráramos nuestra casa por 500.000 euros no significa que ahora los valga. Si un propietario quiere vender, debe adaptarse a los nuevos precios o esperar unos cuantos años antes de vender su vivienda.
5. La elevada tasa de paro
Es algo que afecta sobremanera al mercado inmobiliario. La posibilidad de perder el trabajo nos paraliza a la hora de hacer nuevas inversiones, pero también el desempleo conduce a que mucha más gente se vea obligada a vender su casa, con lo cual la oferta se dispara y los precios caen. Si además vivimos en una zona castigada especialmente por las tasas de paro, por ejemplo, porque hayan cerrado una industria próxima, las viviendas se devaluarán aún más, puesto que habrá más morosos, más embargos y más necesidad de vender.
6. Mal estado de las casas
Cuando la economía no va bien, es difícil gastar dinero en mantener la pintura de la fachada, reparar el deterioro de la entrada, etc. Sin embargo, el aspecto exterior es muy importante. Las comunidades de vecinos harán bien en esforzarse por cuidar la apariencia del inmueble, los accesos, jardines, etc. porque todo desperfecto externo supone una depreciación de las viviendas.
Otra cuestión importante es exigir uniformidad a todos los vecinos en cerramientos de terrazas, toldos, etc. Cada “independiente” que actúa por libre a la hora de introducir nuevos elementos en fachadas, puertas, ventanas… está devaluando su propiedad y la de los demás.
…Y no hemos tocado fondo
Los apartados anteriores son indicativos de que nuestra vivienda va a perder valor, según el citado estudio norteamericano. Pero en España la situación es distinta; o sea, peor. Todavía no hemos tocado fondo. El precio medio de la vivienda nueva ha caído un 9,8% en grandes ciudades, como Madrid y Barcelona, y un 5% en 47 capitales españolas. La Sociedad de Tasación cree que los precios van a seguir manteniendo esta tendencia descendente.
Además nuestro país tiene el mercado saturado. Durante años, se han construido más viviendas de las necesarias y los españoles las han comprado porque esa era la mejor forma de inversión en una sociedad con un sistema bancario poco o nada beneficioso para los pequeños ahorradores. Por otra parte, nuestro mercado de alquiler ha estado abandonado en cuanto a protección de los propietarios.
Todo esto nos ha llevado a que, en este momento, muchas familias tengan una hipoteca en estado de negative equity, es decir, que su hipoteca es mayor que el valor de su piso. La única buena noticia es que, según afirman los expertos, si no necesitan vender y mantienen su propiedad durante un tiempo (entre 5 y 7 años) no tienen por qué preocuparse, pues recuperarán el valor perdido de su casa. Conclusión: tengamos paciencia, porque es el único remedio.
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